sábado, 3 de noviembre de 2012

El inadaptado


Lo que te ponés habla de lo que sos, le dijo su ex mejor amigo por mensaje de texto. No vamos a ir, chau, en otro mensaje después. Por mensaje de texto, ni siquiera fue capaz de devolverle la llamada. Los había esperado en la puerta una hora y había mandado dos mensajes sin respuesta antes de llamar y chocarse con el contestador.
Caminó media cuadra, siguiendo la ruta que hacían en grupo siempre. Llegó sin darse cuenta hasta el lugar donde sus amigos y él compraban toda la ropa, y entró. Enseguida se le acercó la vendendora, que era casi como una amiga sin apellido. Hola Lucía, dijo con voz distinta y triste, porque no había nadie con él. La cara de Lucía pasó de la sorpresa al miedo a la sorpresa de vuelta. Mati, ¿sos vos? Te juro que no te reconocí. ¿Qué te pusiste?, se le rió. Nada, dijo seco él, necesito un pantalón, dijo más seco todavía, poniéndola en el lugar de vendedora ex amiga sin apellido. Bueno, contestó Lucía otra vez con cara de miedo. Por acá.
En el probador aprovechó para mirarse al espejo cuerpo entero. Vio su peinado prolijo perfecto, sus aros con anécdotas significado y actitud, su cara recién afeitada que se ve más linda según Lucía, su suéter verde y su celular. Lo prendió y buscó.
Lo que te ponés habla de lo que sos, volvió a leer resignado, mientras se acordaba de la cara de su abuela convencida de que el color del suéter era del mismo color que sus ojos, que por eso lo había elegido, porque las bellezas son para mostrar y no para esconder, querido, y cuando vi esto me acordé de vos, porque me encanta tu color y la suavidad de la lana que me van a dar más ganas de abrazarte cada vez que te vea.

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