viernes, 6 de enero de 2012

Una mano


Tres, C. Cuatro, B. Cinco, C. Y así le pasaba casi todas las respuestas. Salvo cuando la profesora miraba o se acercaba, que hacía señas con la mano cerca de su cintura, como jugador de vóley antes del saque. Creo que en todas respondimos igual, se relajaban a la salida. Si nos va mal, nos va mal a los dos. Era casi una promesa de amigos. La tristeza de que a uno de los dos le fuera mal era siempre más grande que la alegría de que al otro le fuera bien. Bajo ese mandamiento crecieron juntos, haciendo historias que a las fotos les quedaban grandes.
Esto no es una prueba, dijo la profesora un día. Acá no hay bien y mal. Respondan con sinceridad y tampoco tomen el resultado al pie de la letra. Es un ejercicio que los va a ayudar a pensar, a decidir el futuro de ustedes. Es, como su nombre lo indica, de orientación. Así que empiecen ahora tranquilos, lean bien, piensen y sientan las respuestas, tienen cuarenta minutos.
Seis, C. Siete, C. Ocho, A. La profesora se quedó en su escritorio mirando su computadora, así que no hubo problemas. El resultado fue exactamente igual. Como nunca, una hoja era el calco de la otra. Después de entregar, salieron juntos. Por primera vez en años de salidas hablaron de otra cosa. Y chau, nos vemos mañana, se fue cada uno a su casa. Y siguieron siendo muy amigos todo lo que pudieron. Pero a uno le fue bien y al otro no, aunque fueran los dos abogados que más ganaban de la ciudad, en plata y en casos.

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